Diego, ahora de 21 años, recuerda con cariño su tiempo como ex participante en Domingo Savio. Unirse al club a la edad de cuatro años fue el resultado de su madre buscando un ambiente relajado para ellos. Domingo Savio se convirtió en el lugar ideal para que Diego y su hermano mayor, que tenía nueve años en ese momento, pasaran sus días mientras su madre trabajaba, gracias a la recomendación de un amigo.
Reflexionando sobre el aspecto más gratificante de su participación, Diego valora la experiencia general, las personas que conoció y los diversos talleres que no solo ampliaron sus conocimientos sino que también mejoraron sus habilidades técnicas. Mirando hacia atrás, reconoce el impacto positivo que el club tuvo en su crecimiento personal.
Diego, con un toque de nostalgia, menciona que se pierde la alegría de jugar juegos, una parte vibrante de las actividades del club. A pesar de que ya no está en contacto con otros ex participantes debido a la ausencia de redes sociales durante su tiempo, señala que los encuentros casuales siempre son cálidamente recibidos.
Él ofrece una visión de un día típico en Domingo Savio, que involucró ir a la escuela, seguido de las actividades del club. El horario incluía almuerzo, refuerzo educativo y talleres interesantes en actividades como pastelería, música, dibujo y danza. Los viernes se dedicaban a actividades físicas y al juego.
Al ser consultado sobre los voluntarios extranjeros, Diego indica que si bien no ha interactuado mucho con ellos, ha habido nuevos tutores y profesores en cada ciclo.
Diego revela que su taller favorito era la pintura, a pesar del inevitable desorden.
Cree que Domingo Savio jugó un papel importante en la formación de su futuro, brindándole apoyo en su educación, ayudándolo a evitar influencias negativas e inculcándole valores esenciales.
Diego, ahora un profesional técnico aeronáutico, le da crédito a Domingo Savio por influir en su trayectoria profesional. Su consejo a los estudiantes actuales es valorar la experiencia, hacer amigos y disfrutar de los talleres y juegos.
Al expresar interés en unirse a una red de ex alumnos, Diego cree que sería intrigante y ve potencial en la organización de reuniones.
Recuerda con cariño las sesiones de juego facilitadas por Tío Jorge, reconociendo cómo estas experiencias, a pesar de los momentos de frustración, contribuyeron a su personalidad actual.
En una palabra, Diego describe a Domingo Savio como una “familia”, enfatizando el ambiente familiar y el cuidado que la distingue de otros programas extraescolares o guarderías. El elemento distintivo radica en la calidez y la compasión, donde Diego recuerda momentos de recibir no solo apoyo emocional, sino también elementos esenciales como ropa y comida cuando los recursos eran limitados.
